Incendios forestales en Quito: impacto ambiental, cambio climático y efectos que permanecen después del fuego

Los incendios forestales registrados en Quito durante las últimas semanas han evidenciado la fragilidad de los ecosistemas frente a eventos que afectan no solo la cobertura vegetal, sino también la biodiversidad, la calidad del aire y las actividades humanas relacionadas con el territorio.

Las llamas pueden ser controladas en horas o días, pero la recuperación del área afectada ocurre en otra escala de tiempo. En los ecosistemas del Distrito Metropolitano de Quito, la regeneración de la vegetación, la recuperación del suelo y el restablecimiento de las condiciones necesarias para la fauna pueden tomar varios años o incluso décadas, dependiendo de la intensidad del incendio y las características del entorno.
Quito frente a los incendios forestales: una afectación que va más allá de las cifras
Los incendios forestales forman parte de los desafíos ambientales que enfrenta Quito durante las temporadas de mayor vulnerabilidad. Factores como la sequedad del territorio, la presencia de vegetación susceptible a combustión y determinadas actividades humanas pueden favorecer la propagación del fuego.
Durante 2024, Quito enfrentó una de las temporadas más críticas de los últimos años, con aproximadamente 412 incendios forestales y alrededor de 2.500 hectáreas afectadas.
En 2026, hasta septiembre, el Distrito Metropolitano registraba cerca de 1.200 hectáreas afectadas, incluyendo eventos como el incendio del cerro Casitagua, donde aproximadamente 300 hectáreas fueron comprometidas.
Año | Incendios forestales registrados | Superficie afectada |
2024 | ≈ 412 incendios | ≈ 2.500 hectáreas |
2026* | Datos en evolución | ≈ 1.200 hectáreas |
*Información disponible hasta septiembre de 2026.
Aunque los registros disponibles de 2026 muestran una afectación menor frente a la temporada crítica de 2024, cada incendio representa una alteración significativa de la flora, fauna y suelo de los lugares afectados por los incendios.
El efecto sobre la biodiversidad: cuando un ecosistema pierde su equilibrio
Quito alberga una diversidad de ecosistemas andinos donde especies de flora y fauna dependen de condiciones específicas para sobrevivir. En zonas de laderas y transición ecológica del Distrito Metropolitano existen especies vegetales como chilca, paja, quishuar y otras especies arbustivas andinas, que forman parte del hábitat de diferentes organismos.
Estos espacios son refugio de especies como el oso de anteojos, el venado de cola blanca, aves como el curiquingue y colibríes andinos, además de pequeños mamíferos y otros organismos que cumplen funciones dentro del ecosistema.
La afectación no se limita a la vegetación visible, también se modifican los espacios donde las especies encuentran alimento, refugio y condiciones para desplazarse.
Un ejemplo de esta situación fue el desplazamiento de un oso andino observado en zonas cercanas al incendio de Casitagua, mientras equipos especializados realizaban monitoreo de fauna. Esta especie, considerada vulnerable en Ecuador, depende de ecosistemas conservados para mantener sus poblaciones.
El suelo queda afectado después del incendio
El suelo contiene materia orgánica, microorganismos y nutrientes esenciales para el desarrollo de la vegetación, elementos que pueden verse alterados por las altas temperaturas generadas durante la combustión.
Además, la pérdida de cobertura vegetal incrementa la exposición del terreno a procesos como erosión y pérdida de nutrientes.
Incendios forestales y salud: el humo es una consecuencia
Los incendios generan gases y partículas contaminantes, entre ellas el material particulado fino PM₂.₅, partículas microscópicas capaces de ingresar profundamente al sistema respiratorio. Para dimensionarlo, una partícula PM₂.₅ puede ser aproximadamente 20 a 30 veces más pequeña que el grosor de un cabello humano.
La Organización Mundial de la Salud señala que la exposición al humo de incendios puede provocar irritación ocular, molestias respiratorias y agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias, especialmente en grupos vulnerables.

El fuego deja una huella en el cambio climático
Los ecosistemas almacenan carbono en su vegetación y suelo. Cuando un incendio consume esta materia orgánica, parte de ese carbono vuelve a la atmósfera principalmente como dióxido de carbono (CO₂). La combustión también genera gases de efecto invernadero como metano (CH₄) y óxido nitroso (N₂O), además de otros contaminantes atmosféricos.
El efecto climático ocurre en dos sentidos: el incendio libera gases que contribuyen al calentamiento global y, al mismo tiempo, la pérdida de vegetación reduce temporalmente la capacidad del ecosistema para capturar nuevamente CO₂.
Un ecosistema sano funciona como un reservorio natural de carbono. Cuando se quema, parte de ese carbono almacenado regresa a la atmósfera y se pierde temporalmente esa capacidad de captura.La protección del territorio requiere pasar de la planificación a la acción
Quito cuenta con instrumentos de planificación como el Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PMDOT), que reconoce la importancia de sus ecosistemas naturales como parte del patrimonio ambiental del Distrito y plantea la necesidad de conservar y restaurar estos espacios.
Sin embargo, la protección efectiva del territorio requiere complementar la planificación con acciones permanentes de prevención, vigilancia, control y corresponsabilidad ciudadana.
El Código Orgánico Integral Penal (COIP), en su artículo 246, establece sanciones de uno a tres años de privación de libertad para quienes provoquen directa o indirectamente incendios en bosques, vegetación o páramos. Además, pueden establecerse multas y obligaciones de reparación ambiental según cada caso.
Evitar quemas a cielo abierto, no dejar materiales que puedan generar combustión, proteger espacios naturales y reportar oportunamente emergencias al 911 son acciones fundamentales para reducir riesgos.
Una empresa no necesita estar ubicada junto a un bosque para verse afectada. La calidad del aire, interrupciones en vías de transporte o afectaciones sobre recursos como agua y energía pueden influir en sus actividades.
Esto evidencia que las organizaciones también forman parte del territorio donde operan y dependen de sus condiciones ambientales.
Después del fuego comienza otra etapa
Los espacios y áreas verdes al ser afectados por el fuego , pasan a la etapa de recuperación: el agua es vital en este proceso, pero en la temporada seca que afronta la sierra, como consecuencia del fenómeno de El Niño debilita la regeneración. Es importante fortalecer prácticas que contribuyan a acelerar estos procesos un ejemplo la reforestación, actividad a la que podemos sumarnos todos, ciudadanos y empresas comprometidas con el cuidado del medio ambiente.
Desde SICMA Ecuador, entendemos la gestión ambiental como un proceso integral que permite identificar riesgos, evaluar impactos y generar estrategias orientadas a la protección del entorno y la sostenibilidad de las actividades humanas.
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